El duelo por un ser querido nunca es fácil. Incluso después del paso del tiempo, su presencia suele persistir discretamente en nuestros hogares, guardada en cajones, armarios y rincones familiares. Un suéter doblado exactamente como lo dejaron. Zapatos aún cerca de la puerta. Objetos que antes eran insignificantes ahora tienen un profundo peso emocional.
Para muchos, especialmente con la edad, el hogar se convierte en un lugar de recuerdos vivos. Cada habitación cuenta una historia. Cada objeto parece susurrar un recuerdo. Y aunque los recuerdos pueden reconfortar, a veces ciertos objetos ya no nos tranquilizan. Al contrario, nos pesan profundamente.
Ezoico:
No se trata de olvidar a alguien ni reprimir el duelo. Se trata de reconocer cuándo nuestro espacio ya no contribuye a nuestro bienestar y, con delicadeza, elegir reorganizarlo para dar paso a la sanación.