Expresiones como “no vas a entender”, “ya no quiero hablar” o “siempre fue igual” suelen mostrar agotamiento. No significa que todo esté perdido, pero sí que la relación necesita otra forma de diálogo.
En resumen, el resentimiento puede verse en frialdad, evasión, sarcasmo, límites duros y distancia emocional. Escuchar sin defenderse de inmediato puede ser el primer paso para reparar un vínculo importante. También puede ocurrir que el hijo haya intentado hablar antes y no se haya sentido tomado en serio. Cuando eso pasa, la distancia se convierte en una forma de evitar nuevas frustraciones.