Era casi embarazoso. Ni un monstruo, ni un parásito, ni una catástrofe de noticias que se rompan, solo una pupa de escarabajo, atrapada en la mitad de la metamorfosis en el piso de nuestra sala de estar. Todo ese temor había estado dirigido a una cosa frágil, durmiendo, convirtiéndose silenciosamente en otra cosa. Nuestra risa vino con un nivel de alivio y un poco de reconocimiento. ¿Cuántas otras “amenazas” en nuestras vidas son realmente solo transformaciones que aún no entendemos?