Durante mucho tiempo, Paris evitó hablar de él en público. No porque no tuviera nada que decir, sino porque el dolor era demasiado profundo. Afrontar la pérdida de un padre es devastador para cualquiera, pero perder a Michael Jackson significó algo completamente diferente. No solo tuvo que soportar su propio dolor, sino también el juicio constante de millones de desconocidos que creían saber quién era su padre.

Pero con el paso de los años, algo cambió. Paris empezó a comprender que su voz tenía poder. Que su historia era única. Y que nadie podía contarla mejor que ella.
En varias entrevistas, dejó claro que el Michael Jackson que el mundo conocía no era el mismo Michael Jackson que ella conocía en casa. Para el público, era una superestrella prácticamente inalcanzable. Para ella, era una figura paterna presente, alguien que se preocupaba profundamente por su educación, sus valores y su visión del mundo.

Paris explicó que su padre le había inculcado disciplina desde pequeña. No porque fuera cruel o estricto, sino porque quería prepararla para la vida. Sabía que sus hijos no llevarían vidas comunes y corrientes, por lo que le daba mucha importancia a inculcarles valores sólidos. Les enseñó gratitud, respeto por los demás y a no dejarse deslumbrar por la fama o el dinero.
También habló del amor que él sentía por ellos. Según Paris, Michael hizo todo lo posible por protegerlos. Muchos recuerdan las fotos de los niños con máscaras o con el rostro cubierto, que en su momento generaron críticas. Sin embargo, Paris explicó que no se trataba de un capricho, sino de un intento desesperado por brindarles algo que él mismo nunca había tenido: privacidad.

Michael Jackson pasó toda su vida bajo los focos. Desde niño, el mundo entero lo observaba. Sabía lo que significaba no poder moverse con libertad, no tener amigos normales, vivir sin cámaras. Y no quería que sus hijos tuvieran que pasar por lo mismo.
Paris también dejó claro que su padre era humano, que tenía defectos, como todo el mundo. Pero insiste en que el hombre que ella conoció no era el monstruo que algunos describían. Para ella, era una persona de gran corazón, alguien que se preocupaba profundamente por el bienestar de los demás.